lunes, 16 de abril de 2012

miracles of love'

Íbamos en mi moto, riendo y burlando al peligro. O eso creía yo. Fue entonces cuando nos chocaron y la perdí. Perdí al amor de mi vida. Recuerdo aquella angustiante noche como si hubiese sido ayer.
— ¿Estará bien?, dígamelo, por favor— le dije al doctor que me atendía.
— Quédate tranquilo, ¿Si muchacho? — musitó voz autoritaria, lo cual me molesto.
Sentía mi cuerpo doler como nunca antes, el doctor me examinaba y negaba con la cabeza. Sabía que todo estaba mal, y eso era lo que más me dolía.
— ¿Mi novia?, ¿Dónde esta ella? — sollocé.
— Quédate quieto, muchacho.
— ¡Necesito verla! — grité.
Sentí un pequeño y punzante dolor en mi brazo, desde ahí no recuerdo más hasta que me desperté.
Caminé lentamente hasta el pasillo, salí de mi habitación a duras penas, caminé una y otra vez por los largos y blancos pasillos del hospital, mirando por cada puerta, necesitaba verla, saber que Summer estaba bien.
Fue entonces, cuando note que estaba ella en un cuarto, era el de cuidados intensivos, entré a esta habitación y caminé hasta su camilla.
— Amor, ¿Qué te hice? — Sollocé cuando tomé su mano llena de aparatos—. Si no hubiese insistido… Estaríamos en casa…
— No es tú culpa, amor— susurró ella con un hilo de voz—. Te amo, jamás lo olvides…
— También te amo— suspiré.
— Prométeme que si ocurre algo, serás feliz con alguien más…
— ¿Qué? ¡A ti no te ocurrirá nada!
— Claro— carcajeó débil—. Nadie tiene la vida comprada, Joe.
Suspiré, no quería pensar en una vida sin ella.
— Te amo— dije y comencé a llorar como un niño pequeño.
Con su débil mano acarició mi cara y quitó mis lágrimas. La tomé, la acaricié y la besé.
— Creo que deberías irte… No luces bien— me sonrió levemente y supe que tenía que ir.
— Te amo, no lo olvides jamás— me acerqué a ella y besé su frente.
— Jamás lo hare—ella sonrió y cerró los ojos.
En la mañana, llegué nuevamente, pero ahora estaba lleno de doctores, mi curiosidad y preocupación aumentó. Me acerqué y una enfermera me sacó de allí.
— ¡¿Qué rayos le ocurre a mi novia?! — grité, a la mujer.
— Señor tranquilícese, necesito que salga de este lugar— dijo cerrando la puerta.
Al momento en el que las puerta se cerraron frente a mí, la familia de mi novia se acercó hacia mí, su madre lloraba desconsoladamente, la hermana no paraba de rezar y el padre, él solo me miraba, en su rostro se notaba tal grado de pena que la rigidez que siempre estaba presente en su rostro desapareció.
— Joe, mi hija, mi hija — sollozaba la madre en mi pecho mientras lloraba.
— Señora, ¿qué es lo que pasa?, ayer estaba bien, ayer, ayer me dijo…— me detuve y las lagrimas comenzaron a caer silenciosamente por mis mejillas.
— ¿Qué Joseph, que te dijo?
— Dijo “nadie tiene la vida comprada, que si ocurría algo, que fuera feliz que no lo olvidase” y que me amaba
Todos los recuerdos que tenia con ella pasaban una y otra vez como una película por mi mente, eran los recuerdos más hermosos que me hacían soltar una que otra sonrisa, pero sin evitar que mis lagrimas cayeran.
— ¿La familia de la señorita Summer Lewis? —Pregunto el doctor aproximandoce a nosotros, por su mirada supuse que algo estaba mal.
— ¿Qué paso? ¿Qué le paso a mi novia? — al acercarme para saber de ella, el padre de Summer se adelanto.
— Soy el padre, dígame doctor ¿Qué le sucede a mi hija? — menciono preocupado
Fue entonces cuando me di cuenta de que todo estaba mal, la expresión facial de el señor Stephen cambio radicalmente, las lagrimas brotaban de sus ojos sin parar, golpeo todo lo que por su camino se cruzase.
— ¿Pero cómo? No, esto es una equivocación — no paraba de decir ese tipo de cosas.
— Amor, mi niña, mi hija no puede… ella es fuerte, luchadora
— Lo siento señora, ella está en un estado crítico, yo no le veo muchas posibilidades de que sobreviva.
Ya nada estaba en mi mente más que mi novia, sin pensarlo dos veces entre a la sala de cuidados intensivos, en ese minuto todo se desvanecía ante mí, ella estaba conectada a cientos de cables, de maquinas.
— Amor, pero ¿qué te he hecho?
— Joseph, estas aquí. —pronunciaba levemente.
— Summer, no… no hables.
—Amor, solo quiero que sepas lo mucho que te amo, que nada de esto es tu culpa.
— Amor, no… te amo —me acerque a besarla.

— Ya es hora, me alegra—respiro— que seas tú a quien vi por última vez
— No, saldrás de aquí, y volveremos a todos esos lados hermosos en los que estuvimos juntos.
— ¿Cómo cuando me pediste que fuera tu novia? — sonreía levemente.
— Si y serán muchas cosas más.
— O cuando tomábamos helado en las tardes de invierno.
— Amor, no recuerda que seremos marido y mujer, tenemos una vida eterna juntos.
— Así será Joseph, pero yo tendré la vida eterna y estaré siempre junto a ti.
— Claro que así será—tome su mano, que ya estaba pálida y fría como todo su cuerpo.
— Joseph, te amo no lo olvides.
— No lo olvidare, pero ya deja de hacer fuerzas.
— Te amo — dijo eso y cerro sus ojos.
— Summer, Summer, despierta.

De un momento a otro todas las maquinas comenzaron a sonar, lo que provoco que los médicos y enfermeras corrieran a verla, me hicieron a un lado, para ocuparse de ella. Podía ver como mi novia saltaba en la cama, los esfuerzos por tratar de que despertara eran inútiles, me acerque y la abracé, estaba helada como una piedra, no podía resignarme a perderla, a lo lejos escuchaba a los médicos decirme que no había caso… Summer había muerto. 

Suspiré y apagué la llave del agua, salí de la ducha y caminé como pude fuera. Y puse mi ropa, o parte de ella. Sentí la puerta abrirse y cerrarse. Apareció frente a mí Amanda, corrió prácticamente hasta mí y me ayudó a terminar de vestirme.
— ¿Por qué no me esperaste? — dijo cuando me ayudaba con las bermudas.
— Porque me siento horrible como carga tuya, Amanda— suspiré y ella me miró—. Me siento inútil — comencé a sollozar y ella me abrazó.
— No lo eres, sabes por qué necesitas de mi ayuda, Joseph.
— Pensé que no vendrías… Y yo…— admití hipando, como si fuese un niño de cinco años.
— Shh, fue mí culpa, me retrasé un poco por el trabajo, te traté pésimo, discúlpame— suspiré—. Hoy no fue un día muy bueno que digamos.
— ¿Por qué? — dije calmándome, suspiró y me miró—. Dime, soy el jefe allí, puedo echar a la persona que se me dé la gana, ¿Se te va ese detalle? — me volvió a mirar.
— No quiero que lo hagas, ellas tienen familias… Además, son estupideces que se pueden ignorar.
— ¿Qué te dijeron? — tomé su mentón e hice que me mirara a los ojos.
— Que te estaba ayudando porque me quería… 
— ¿Querías qué?
— Quería un aumento, que solo te estoy utilizando para eso— susurró, algo en mí se encendió y tuve ganas de ir a la empresa, sólo para despedir a las mujeres que le habían dicho eso a Amanda.

— Bueno… Eso no es tan grave— ya calmado, y luego de un tiempo le respondí con esa corta pero precisa frase.
— Lo sé, pero trabajar con murmullos es molesto— sonrió—. Listo, ¿Vamos?
— Supongo— le sonreí y me puse de pie—. Odio que mi brazo esté fracturado…
— Agradece que estás vivo— suspiró y cerró la puerta, los recuerdos de aquella noche y la tristeza se apoderaron de mí rápidamente—. Lo… Lo lamento.
— Ya vamos, estamos retrasados— dije un poco molesto y caminé hasta el ascensor...

domingo, 15 de abril de 2012

La única persona con quien puedo ser yo misma

Recuerdo las lágrimas que corrían por tu cara cuando te dije, yo nunca te dejaré ir, cuando todas esas sombras casi acaban con tu luz, recuerdo que dijiste: No me dejes solo aquí, pero todo lo que esta sea muerto y enterrado y se pasa esta noche... Sólo cierra los ojos el sol se está poniendo, se que vas a estar bien, nadie puede lastimarte ahora, ven, con la luz de madrugada tú y yo estaremos sanos y salvos... no te atrevas a mirar por la ventana, a mi, a su querida que todo está en llamas, la guerra fuera de nuestra puerta sigue luchando en el campo de batalla; Apóyese en este fragmento de cuna aun cuando la música que la inspira se ha ido... sólo cierra los ojos...